Capitán Pastene

Capitán Pastene – Nuova Italia

Los colonos que dieron origen a Capitán Pastene provenían de los Apeninos modeneses, en la región de Emilia-Romaña, al norte de Italia. A fines del siglo XIX, las condiciones de vida en esa zona montañosa eran complejas y ofrecían escasas oportunidades de desarrollo para muchas familias. Factores económicos, sociales y sanitarios marcaron profundamente a la población, generando un escenario de inestabilidad e incertidumbre.

En este contexto, la emigración apareció como una alternativa para buscar mejores perspectivas de vida. Para estas familias italianas, partir significó la posibilidad de iniciar un nuevo proyecto en tierras lejanas, con la esperanza de construir un futuro más favorable para ellos y sus descendientes.

Fue en este contexto que Giorgio Ricci inició un proceso que cambiaría para siempre la historia de estas familias y de una parte del sur de Chile. A través de su sociedad colonizadora —Nuova Italia Hermanos y Cía.— comenzó la búsqueda y posterior inscripción de colonos en Pavullo nel Frignano, respondiendo a la necesidad del Gobierno chileno de poblar zonas deshabitadas mediante proyectos de colonización agrícola realizados por migrantes europeos. Se considera que la colonia italiana de Capitán Pastene es uno de los pocos asentamientos en Chile construidos prácticamente desde cero, sin una población previa consolidada, lo que la vuelve un caso único dentro de la historia de la migración en el país.

La Sociedad Colonizadora Nuova Italia Hermanos y Cia. Giorgio Ricci

Giorgio Ricci nació en Pavullo nel Frignano en 1870 y emigró a Chile acompañado de su hermano Alberto. Durante sus primeros años en Chile conocieron a Salvatore Nicosia, un italiano con gran habilidad para relacionarse con figuras influyentes y conseguir apoyo para proyectos de envergadura. Fue así como los tres formaron inicialmente la Sociedad Colonizadora Nuova Italia Hermanos y Cía., pieza fundamental en la organización y ejecución de este proyecto humano y logístico tan complejo.
La obra de Ricci se concretó en dos grandes expediciones migratorias. La primera, en 1904, llegó con 23 familias; la segunda, en 1905, con 65 familias adicionales. En total, 88 familias italianas emprendieron este viaje hacia lo desconocido. Cada una de ellas recibió un pasaporte y firmó un contrato legalizado por el Consulado de Chile en Milán, donde se especificaban las tierras que les serían entregadas. El proceso estuvo formalizado ante el notario Artemisio Ghibellini, garantizando legalmente los derechos y condiciones de los colonos en su nuevo país.

ESTACIÓN DE MODENA

El viaje comenzó en la estación ferroviaria de Módena, desde donde los colonos partieron en tren hacia el puerto francés de La Rochelle, ya que en aquella época no existían barcos que salieran directamente desde Italia con destino a Sudamérica. Tanto la colonia de 1904 como la de 1905 iniciaron su viaje el 2 de febrero, una coincidencia que con el tiempo quedaría grabada en la memoria colectiva de la futura comunidad de Capitán Pastene.

PUERTO LA ROCHELLE – FRANCIA

El 7 de febrero de 1904 empezó el embarque de los colonos en el navío “Oruba”, perteneciente a la Pacific Steam Navigation Company, una compañía británica que operaba rutas entre Europa y Sudamérica. Su viaje incluía escalas en La Pallice, Vigo, Lisboa, Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Punta Arenas, Coronel, Talcahuano y Valparaíso. En 1905, los colonos siguieron el mismo itinerario, esta vez a bordo del barco “Panamá”, también destinado a conectar Europa con el continente sudamericano.

VIAJE TRASATLÁNTICO

En el barco a vapor, la primera clase resultó ser solo una ilusión para muchos: algunos colonos viajaron en tercera clase, mientras que otros fueron relegados a la bodega, donde además debieron alimentarse con platos de cocina inglesa a los que no estaban acostumbrados y que, seguramente, fueron una completa novedad para ellos, personas de esfuerzo y de vida campesina.

PUERTO DE TALCAHUANO — DESEMBARQUE

Tras 32 días de navegación, los colonos de 1904 llegaron el 10 de marzo al puerto de Talcahuano. Los colonos de 1905 desembarcaron el 9 de marzo, después de 31 días de viaje. El cansancio era evidente, pero la emoción de haber llegado a su nuevo país compensaba el peso de la experiencia vivida. Desde Talcahuano, el camino debía continuar por tierra: los esperaban horas de viaje en tren hasta la localidad de Los Sauces.

LOS SAUCES

En Los Sauces los colonos se encontraron con uno de los episodios más recordados de esta historia. Un convoy de carretas tiradas por bueyes los aguardaba para realizar el último tramo del viaje. Para las 23 familias de 1904 se dispuso un convoy de 40 carretas; para las 65 familias de 1905, fueron necesarias 144. Esta escena, cargada de simbolismo y esfuerzo, es la que hoy se conmemora todos los años en la tradicional Sagra Carretada, celebración que honra el aniversario y la identidad de Capitán Pastene.

LLEGADA A LA TERRA PROMESSA LA NUOVA ITALIA

El último tramo consistió en recorrer 37 kilómetros bordeando el río Lumaco, adentrándose en la cordillera de Nahuelbuta. Al llegar finalmente al lugar destinado para su asentamiento, los colonos encontraron la tierra que Giorgio Ricci había preparado para ellos. Más tarde, ellos mismos bautizarían ese sitio como Monte Calvario. El nombre no fue casual: durante meses, las familias debieron vivir en galpones —las llamadas barracas— que ofrecían muy poca protección contra la lluvia, el frío y el viento. Las condiciones eran duras y el proceso de adaptación fue un verdadero calvario, hasta que poco a poco comenzaron a construir sus primeras casas, abrir caminos y transformar ese paisaje agreste en un hogar.